Cuando tengo oportunidad de viajar al Edo. Mérida, desde Caracas la capital de la República Bolivariana de Venezuela; paso normalmente por Mucuchíes (a 48 Km de la capital del estado Mérida, y capital del Municipio Rangel) y visito mis familiares. En ésta oportunidad hago presencia en las Fiestas de San Benito, el Santo Negro, que se celebra el 29 de diciembre de cada año y queda para el mundo las imágenes vivas de sus devotos en el año 2009.
Producción y realización: H. Andrade . 29.12. 2011
"En homenaje a la tierra de mis ancestros" - Mucuchíes, Edo. Mérida, Venezuela.
ASÍ NACIÓ MUCUCHÍES - Historias y Relatos del Páramo
EL LEGENDARIO PERRO NEVADO
Por: Tulio Febres Cordero
Cuenta la leyenda histórica transmitida por Tulio Febres Cordero en su Archivo de Historia y Variedades, que en junio de 1813, el Ejército Libertador de Venezuela se detuvo en la hacienda Moconoque, ubicada como a una legua de la villa de Mucuchíes:
«La casa parecía desierta, pero apenas habrían dado dos o tres toques en la puerta, cuando instintivamente los caballos que estaban más cerca retrocedieron espantados. Un enorme perro saltó a la mitad del camino dando furiosos aullidos. Era un animal corpulento, y lanudo como un camero, de la raza especial de los páramos andinos, que en nada cede a la muy afamada de los perros del monte de San Bernardo.
«Ante la actitud resuelta y amenazadora del perro, brillaron de súbito diez o doce lanzas enristadas contra él, pero en el mismo instante se oyó a espaldas de los dragones una voz de mando que en el acto fue obedecida:
«—¡No hagáis daño a ese animal! ¡Oh, es uno de los perros más hermosos que he conocido!.
«Era la voz del brigadier Simón Bolívar, que cruzaba los ventisqueros de los Andes...»
Don Vicente Pino, dueño de la hacienda, le obsequió el perro a Bolívar, quien lo recibió en Mucuchíes, quedando a su cargo el indio Tinjacá. quien llegó a ser conocido como el Edecán del Perro del Libertador.
Ocho años después, el 24 de junio de 1821 el perro Nevado y Tinjacá acompañaron al Libertador al campo de la Batalla de Carabobo, donde ambos perderían sus vidas en manos del enemigo. Refiere Febres Cordero que después del enfrentamiento, al ver «a pocos pasos de Tinjacá, el cuerpo exánime de su querido perro, atravesado de un lanzazo»; Bolívar lo contempló en silencio «y torciendo de pronto las riendas de su caballo con un movimiento de doloroso despecho, se alejó velozmente de aquel sitio. En sus ojos de fuego había brillado una lágrima, una lágrima de pesar profundo... El hermoso perro nevado era digno de aquella lágrima».
En su memoria, la Plaza Bolívar de Mucuchíes hoy muestra un busto del Libertador, al pie del cual se levantan con orgullo las inmortales efigies de Nevado y el indio Tinjacá.
(Tomado del periódico mensual TURISMO ANDINO, agosto, 2000)
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